
Martes 3 de julio de 1928, hacia las 20 h. Canal de la Mancha. Un trimotor Fokker vuela a 1.200 m de altitud rumbo sudeste; ha partido del aeródromo inglés de Croydon con destino a Bruselas. El cielo está despejado y sopla un viento flojo. El aparato es propiedad del empresario belga Alfred Loewenstein, uno de los hombres más ricos del mundo. Junto a él viajan el piloto y un ayudante, dos dactilógrafas –una para francés y otra para inglés–, su secretario, Hodges, y su ayuda de cámara, Baxter.
Al sobrevolar la costa francesa, en el Pas-de-Calais, el multimillonario va al lavabo.No volvería a ser visto con vida.